TIMEO HOMINEM UNIUS LIBRI

sábado, 17 de julio de 2021

EL VIEJO Y EL MAR. PELÍCULA

 


EL VIEJO Y EL MAR (REINO UNIDO, 1990)

 

Película basada en la novela homónima de Ernest Hemingway. En la película aparece Anthony Quinn con 2 de sus hijos Francesco y Valentina. En el caso de Francesco interpreta el papel de Santiago (Anthony Quinn) de joven.

El viejo lobo de mar Santiago (Anthony Quinn), tras 84 días de mala suerte sin pescar, se hace a la mar con el objetivo de atrapar un gigantesco pez espada. En la costa lo esperan su joven aprendiz, su hija, y una pareja de norteamericanos que se hayan de paso en la isla y que han sentido curiosidad por el pescador. Tras mucho esfuerzo, consigue capturar al pez que buscaba, pero la corriente lo ha arrastrado hacia alta mar. Con la esperanza de que el viento lo lleve hacia la costa, hambriento y cansado, advierte que un grupo de tiburones se dirige hacia la barca, y decide luchar contra ellos, estableciendo una especie de extraño vínculo con el pez que ha cazado.

lunes, 20 de noviembre de 2017

domingo, 18 de junio de 2017

lunes, 12 de diciembre de 2016

EL OLVIDO QUE SEREMOS

EL OLVIDO QUE SEREMOS
Edgardo Malaspina
1
Mi amigo y colega colombiano León Felipe Jaramillo me recomendó este libro. Lo busqué en varias librerías, y con mucha suerte lo encontré. Los libros importados son una rareza en nuestro país.
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 Epitafio es un poema de Jorge Luis Borges que empieza con estas palabras: “Ya somos el olvido que seremos”; y continúa: “El polvo elemental que nos ignora/y que fue el rojo Adán, y que es ahora/todos los hombres, y que nos veremos”. Precisamente el primer verso del soneto es el título del libro del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince , y que trata de su vida familiar, pero en particular la de su padre( de quien heredó hasta el nombre ), médico y político asesinado durante los años de violencia en Medellín.
3
El doctor Héctor Abad es recordado por su hijo con nostalgia, dolor y cariño en páginas dramáticas, hilvanadas con impresionante suspenso lírico. A diferencia de Kafka que le escribió una carta a su padre para reprocharle su despotismo, el autor del “Olvido que seremos” le escribe a su progenitor para decirle que fue un gran padre, amoroso y comprensivo; pero con la triste convicción de que jamás leerá sus notas.
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El autor recoge los pasos de su padre y revisa sus papeles con muchos consejos: “Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz”, porque la vida es dura y la única receta para poder soportarla es haber recibido en la infancia mucho amor de los padres. El dinero se debe perseguir con un solo fin: para poder conservar y defender a toda costa la independencia mental, sin que nadie nos pueda someter a un chantaje laboral que nos impida ser lo que somos. Sobre la educación institucional decía que para enseñar había que combinar el conocimiento, la sabiduría y la bondad. El mejor método en el aula es el socrático: hacer preguntas interesantes para incentivar la curiosidad de los estudiantes. Demostrar la máxima aristotélica de que el mayor placer está en la búsqueda del conocimiento. El autor tiene un peculiar concepto sobre la vida y considera que la muerte de un recién nacido o la de un viejo duelen menos. El periodo más provechoso está entre los quince y los treinta años. Después decaemos y cuando nos acercamos a los cien años coincidimos con el feto y ya nada importa.
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La muerte de una hermana de apenas dieciséis años marca a la familia. Un melanoma, cuyo origen estaba en unos lunares, descritos como un rosario de bolitas infernales, destroza a todos los miembros del clan. La enfermedad, como todas las incurables, hizo que se recurriera no sólo a medicina científica, sino también a  la  mágica porque no importa la procedencia del medicamento, si el mismo abre una esperanza para la cura.
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Héctor Abad Faciolince siempre pensó vengar la muerte de su padre; pero con el paso del tiempo cambia de parecer y reflexiona: “…entendí que la única venganza, el único recuerdo y también la única posibilidad de olvido y de perdón, consiste en contar lo que pasó, y nada más”. Con estas palabras finales recordé a Argenis Rodríguez, quien solía decir que había matado a todos sus enemigos con una pluma.